Hace 18 años, mi primer video subido a YouTube, tocando el trompe, instrumento Mapuche que usaba para caminar después de los trasnoches de vuelta a casa, recuerdo haber caminado por calles vacías mientras tocaba aprendiendo, gran compañero por la ciudad durmiente, si hubiese habido un alma lo hubiese sabido, o eso creo, ¿seguirán como fantasmas las huellas de los vivos?
A veces con los errores al tocarlo rápido me golpeaba los labios y salpicaba sangre, algunos eran momentos de éxtasis, el trompe metralla salpicando a su alrededor como regadera sobre las calles negras y brillantes debido a la humedad del último nubarrón que pasó. Acelero el paso para pasar el frío y secar los muslos mientras el maputecno lleva el ritmo como tironeándome para regresar a casa. Este instrumento me hace vibrar la cabeza, da ritmo e impulso a mi cuerpo, la noche fría entraba en calor, la vibración se apoderaba del ambiente y los árboles curvaban sus ramas pero no solo eso, solo se veía la calle, las casas quedaban en la oscuridad detrás de los postes, solo veía la línea brillante de calle que parecía elástica, el cerebro vibrando, la vibración traspasando los muros, los pantalones ya secos, al perro del vecino que me avisa que ya llegué, quiero seguir caminando, no puedo parar, pero lo hago, miro al cielo y una nube se abre para dejarme ver las estrellas y no son ellas si no la luna que me saluda, pienso en todos aquellos que la observan en este mismo instante, al menos uno estará pensando lo mismo y le envío un saludo, luego el perro ladra y miro hacia donde se encuentra, el caballo se pone nervioso y más le temo al ser humano que al puma ¿los aparecidos? a los que molestan hay que insultarlos y los otros te acompañan y ayudan, le pego un chiflido al café y se nos allega, ya falta poco para llegar y el caballo se me apura, asi que le suelto las riendas y comienza a trotar luego pasar al galope, allí lo contengo, ya la nube esconde a la luna, a los lejos entre el barro algo brilla, justo en el último suspiro lunar y le chiflo al café que corre hacia el brillo, ¿será un entierro? ¿aquí en el camino? ¿lo sacó la lluvia? ¡la luna me los mostró! el café trae algo en su hocico, las nubes se cierran y quedo a oscuras de nuevo, me bajo del caballo y llamo al perro, le toco el hocico y tiene un ¡trompe!
la cosa es como es podemos imaginar como será podemos recordar como era
podemos verla
"y es así no más", me dijo
me hice el dije y pregunté.. ¿es así como ahora cuando dije ahora? o ¿es lo que tú dijiste de como era?
Entonces desde su sapiencia de garza, me dijo que:
es así no más el verso y el antiverso las cosas las anticosas las nocosas y las semicosas
forman la imagen cambiante del presente.
que no se puede mencionar porque antes de mencionarlo
ya no es
nunca está cuando lo piensas
el presente
es el curso de agua que baja por la quebrada que aunque viaja está ahí mismo
aunque cambia, permanece
el presente es eterno.
mem
1 de septiembre de 2019
camino inmerso en la sal de mar
sobre bandejas de arena negra
plateada plateado el horizonte infinito es el eco de las olas que me llevan hipnotizado sobre carreteras elásticas de dulce sabor carreteras de ensoñación despierta
Regreso desde Angol a Los Angeles,
entre Renaico y Coigüe hay una recta larga que es de ensueño, la he
recorrido con lluvia, con sol, viento, neblina, amaneciendo, al
atardecer, luna llena, el tren pasando, en fila de vehículos, vacía
sintiendo uno que va flotando. Se despeja el camino y mientras floto
en el paisaje del movimiento con el viento de la ventana abierta pasa
adelantándome una camioneta roja, me causa gracia, porque es el
mismo modelo de camioneta que conduzco, el mismo color también. Me
imaginé reflejado en ella, “así me veo”, podía reconocer
cierta similitud en los razgos de la silueta de su conductor, medio
hecho una mirada a la patente y alcanzo a ver el número 47. La mía
termina en 47. Curiosas coincidencias. Se aleja y decido acercarme
para verlo mejor, 120 kilómetros por hora acercándose el final de
la recta, acelero en quinta a esa velocidad logrando apenas mantener
la distancia que nos separa, camiones con madera llevando troncos de
árboles, edificios de árboles botados y tras ellos una fila de
vehículos como cola de espermio se cruzan zumbando al pasar,
moviendo el vehículo con sus ráfagas de viento. El buen vehículo y
la velocidad me convierten en flecha y acelero a 130 kms/hora
calculando acercarme lo suficiente como para observarlo de mejor
manera, me produce un sentimiento extraño, me acerco, pero no lo
suficiente, ¿estará acelerando también? eso debe de ser, acelero a
140 kms/hora y me pego un salto, la recta final después de la curva
al llegar a Coigüe debe ser de 60 kms/hora!, pasa el letrero, el
paisaje de casas a la orilla del camino zumba, me acerco a la
camioneta y veo la silueta de su conductor contra el sol del
atardecer, mueve el retrovisor, me observa, tomo el retrovisor y al
observar hacia atrás hay una camioneta igual en color y modelo a la
mía, su conductor observa por el retrovisor.
autos que viajan perpendiculares a la noche lluviosa de cemento brillante explosión radiante de sombras vivas en lo oscuro del bosque agazapado abandonado en el paradero solitario de la hora pasada me quedo retrasado en el umbral del futuro.
En esa montaña durante el invierno lleno en nieve, se esquía. En verano es un desierto de rocas volcánicas y sol. Las estaciones pasan y yo soy quien queda quieto, observando, la belleza del cambio.