jueves, 7 de junio de 2018

la huella del eco




 

Siento las gotas de lluvia caer sobre el techo del lavadero
siento la lluvia como un rugido en el dormitorio
siento la lluvia cálida de madera en el segundo piso
en la noche del abrigo siento un grito de una mujer
¡AYUDA! se oye en su voz la necesidad
luego el silencio se hace presente
siendo cada vez más ruidoso
al pasar el tiempo.


La mujer flotando en el eco cada vez más lejano,
en la frontera del olvido
en el umbral de la inexistencia
donde la muerte también muere
¡¡A Y U D A!!


Y salgo presto a la calle de la Villa
dos vecinos se suman
el resultado es cero,
solo el eco
del único grito
que nos conmovió
tan intenso tan emocional
que fue como dicho al oído de cada uno
no supimos de dónde venía


ya no recordaba la voz
sino la huella que había dejado.


Volvimos derrotados
llamé al plan cuadrante
estaba todo solucionado
no era un sueño
no era un susurro en el oído
era un llamado de auxilio
real
que deja huella
la llevaron al hospital
¿Qué pasó?
Nolosé
No quise preguntar
era el eco
que comenzaba
a ser un pulso.

domingo, 7 de enero de 2018

La recta



Regreso desde Angol a Los Angeles, entre Renaico y Coigüe hay una recta larga que es de ensueño, la he recorrido con lluvia, con sol, viento, neblina, amaneciendo, al atardecer, luna llena, el tren pasando, en fila de vehículos, vacía sintiendo uno que va flotando. Se despeja el camino y mientras floto en el paisaje del movimiento con el viento de la ventana abierta pasa adelantándome una camioneta roja, me causa gracia, porque es el mismo modelo de camioneta que conduzco, el mismo color también. Me imaginé reflejado en ella, “así me veo”, podía reconocer cierta similitud en los razgos de la silueta de su conductor, medio hecho una mirada a la patente y alcanzo a ver el número 47. La mía termina en 47. Curiosas coincidencias. Se aleja y decido acercarme para verlo mejor, 120 kilómetros por hora acercándose el final de la recta, acelero en quinta a esa velocidad logrando apenas mantener la distancia que nos separa, camiones con madera llevando troncos de árboles, edificios de árboles botados y tras ellos una fila de vehículos como cola de espermio se cruzan zumbando al pasar, moviendo el vehículo con sus ráfagas de viento. El buen vehículo y la velocidad me convierten en flecha y acelero a 130 kms/hora calculando acercarme lo suficiente como para observarlo de mejor manera, me produce un sentimiento extraño, me acerco, pero no lo suficiente, ¿estará acelerando también? eso debe de ser, acelero a 140 kms/hora y me pego un salto, la recta final después de la curva al llegar a Coigüe debe ser de 60 kms/hora!, pasa el letrero, el paisaje de casas a la orilla del camino zumba, me acerco a la camioneta y veo la silueta de su conductor contra el sol del atardecer, mueve el retrovisor, me observa, tomo el retrovisor y al observar hacia atrás hay una camioneta igual en color y modelo a la mía, su conductor observa por el retrovisor.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Un té al amanecer

Viajando por el camino entre Los Angeles y Angol iba un camión de mediano tamaño, de su carga cayó una rueda de carretilla que dió botes delante mío, mientras frenaba pensé que estaba nueva, era bonita. Dió varios botes y fue a parar a la acequia del camino. Me estacioné en la berma, los vehiculos pasaban veloces, por suerte llevaba atrás en la camioneta una mesita con sus sillas y un quitasol, la invité a tomar un té. Fue así como nos acomodamos en la carretera mientras carabineros desviaba el tránsito, un amable regordete chofer de camión nos atendió con toda parsimonia y pudimos conversar como es debido. Lo primero fue hablar sobre el clima a lo cual me respondió que no sabía mucho de eso porque nunca había estado fuera del local. Allí noté más claramente que estaba nueva. No hablaba mucho y se lo pasaba dando vueltas. Me dijo que recien la habían inflado y que era una estupenda sensación. Me dí cuenta que debía hablarle sobre cosas que conociera, le pregunté sobre qué superficies había pisado. Allí se detuvo y me dijo que ésta había sido su primera vez, pero que no la había dejado muy conforme la experiencia ya que no había sido útil para nada ni nadie. Asentí diciéndole que no se preocupara ya que estaba recien comenzando, una vez inflada no había vuelta atrás. El amanecer estaba tan placentero y bello que los diferentes vehículos que viajaban comenzaron a parar y a participar de la conversación, una ambulacia en emergencia con un hombre moribundo en su camilla y un enfermero se sirvieron también un tecito, el camillero debía ayudarle ya que el hombre estaba todo quebrado, nos dijo que esperaba morirse antes que hiciera calor, prefería el frío y me pidió hielo. Gracias a Dios el carabinero justo andaba trayendo y nos convidó 2 hielos, no hay que abusar. Hablando del clima les dije, ¿estamos perdiendo el tiempo? me miraron sorprendidos, incluso la señora que manejaba una máquina de cocer a Coigüe se detuvo, por suerte el carabinero le pidió que siguiera circulando y la rueda de carretilla siguió dando vueltas. Pensar que eran mis invitados y no podía hacer una simple pregunta. En el intertanto el hombre quebrado se murió y me preguntaron si podían sentarlo ya que debería estar cansado de la camilla, me pareció una buena idea, le ofrecí más té y se puso a conversar con la rueda de carretilla, pensé que era un buen momento para dejarlos y proseguir mi viaje, no me importaba dejarles la mesa, las sillas y el quitasol, total andaba con otro juego en la camioneta. Me subí calladamente sin despedirme y proseguí mi viaje.

viernes, 2 de octubre de 2015

lunes, 24 de mayo de 2010

soledad



autos que viajan perpendiculares a la noche lluviosa de cemento brillante
explosión radiante de sombras vivas en lo oscuro del bosque agazapado
abandonado en el paradero solitario de la hora pasada
me quedo retrasado en el umbral del futuro.

martes, 30 de marzo de 2010

domingo, 1 de noviembre de 2009

Termas de Los Nevados del Chillán

En esa montaña durante el invierno lleno en nieve, se esquía. En verano es un desierto de rocas volcánicas y sol. Las estaciones pasan y yo soy quien queda quieto, observando, la belleza del cambio.

jueves, 1 de octubre de 2009

carretera sangre


Viajando al sur me he encontrado en la carretera con una mancha de sangre de al menos un kilómetro de largo, puchas que hay que tener sangre. Luego me imagino si las carreteras las pintaran de rojo. Más bien si los tramos donde han ocurrido accidentes fueran pintados de rojo. Cuántos litros de sangre han pintado las penurias grises de lamentos en viaje a través de los kilómetros que nos separan. Quizás mejor sea poner en donde hubo accidentes una señal con los aullidos del dolor que interrumpan la radio, así el viaje sea quizás un solo lamento.

Carreteras del terror.

¿Y en la ciudad?

Llevemos lo mismo a la ciudad y sus lugares traumáticos, calles, esquinas, manchadas de sangre con parlantes donde se oigan los lamentos del dolor.

Invisibles muchas veces los lugares que pasamos esconden historias de terror que no imaginamos, ni queremos saber.

Quise que mi auto levantara su ruedas y pasara haciendo un rictus ceremonial por la sangre que fue un grito de color en la hora aquella que nos acomete y nos damos cuenta que no hay vuelta atrás mientras se nos va la vida desvaneciéndose como un suspiro eterno vaciando los pulmones, los músculos, la vida.

Sangre en la carretera, sangre en mis neumáticos.

Soy una bolsa de sangre.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Existe el amor


En la noche
de los encuentros resueltos
de los cantos perplejos
la noche
acaecida
del término sustancial
en el tuétano aborrecido
por la Sacralidad
de los Santos ollejudos.

En la cirrosis prístina
de los resolutos
con hígados
embolutados
como esfinge
de sal aborrecida
sustancial e ingrávida.

Existe el amor.




jueves, 30 de julio de 2009

el hombre de fuego



Un fuego de hombre camina sobre el hielo de la horizontal.

viernes, 22 de mayo de 2009

Energúmeno

El energúmeno de cemento oscuro se yergue clavado a tierra como la espada del Rey Arturo, quien logre sacarlo gobernará los tugurios enfermos del alma basural.

La noche mojada entre luces anaranjadas como espasmo mágico en el segundo preciso de la luz roja.

El vértice de la zona ocular acuosa envía señales espirales.

Nebulosas lacteas en las calles de la noche artificial.